domingo, enero 30, 2005

Muñecas

Mi única relación sana con seres de vestido y pelo largo, ha sido única y exclusivamente con las muñecas... ¡¡y eso que las odiaba!! Podría decirse que este trauma viene desde que tengo conciencia; desde que vi las tacitas, los ula-ula, los pinches y las Barbie como objeto máximo entre mis pares; apenas evidencié la demora de apenas un par de segundos en el baño del colegio para hacer pichí; sólo al presenciar los juegos al elástico suicida amarrado entre dos troncos, y el patetismo estúpido plagado de laca en la adolescencia.

Quizás mi odio a las muñecas también viene de la disparidad; de que a mi hermano le regalaban enciclopedias, rompecabezas con paisajes europeos, lápices grabados con su nombre y relojes. Sé que yo no era tonta, pero parece que en esa época todos lo creían. Con cueva tenía un diccionario con mi nombre en la tapa; con el doble de cueva me dejaban consultar la enciclopedia; y con el triple de cueva me dejaban los recortes a color de los Icarito. También ayudaba que mi hermano dibujaba bien, era casi mudo, tenía la cara más bonita que yo y era el primogénito.

Mi amiga Maca

Es cierto, aunque no lo crean nunca he tenido amigas que se llamen Maca, Cata o Jose. Aunque tampoco amigas que se llamen de otro modo. Simplemente no confío en una mujer para siquiera acercarse. Para eso están los hombres; por último siempre queda la esperanza de besos furtivos en algún rincón oscuro, coqueterías subliminales y un cuerpo grande para abrazar en momentos tristes.

¿Y por qué no Macarena, Catalina o Josefina?, digo yo. ¿Por qué transformar los nombres en sonidos de moda, partners de moda o muletillas para columnas adolescentes de revistas ídem? Odio los apodos o nombres abreviados; aunque también los Jennifer, los Jocelyn y los Nayareth. ¡Y los Byron, Jonathan, Kevin, Krishna, Jessica, o Dayana! ¿Y qué me dicen del renacimiento de todos esos nombres de abuela que llevan las niñitas hipponas de pelo rubio largo y piel tostada como Florencia, Emilia, Elvira, Elisa, Matilde, Olivia, Ema, Sofía, Virginia?

Al menos los hombres se llaman de forma más normal, evitan los nombres compuestos y sólo perturban con algún diminutivo loco como Bicho, Pato, Pancho, Jose, Dani y Nico.

Yo me llamo Carolina, pero me dicen Carola. Si alguien me llegara a decir Coca, Caro, Carito o cualquier concepto monosilábico, la patearía en la cara. Si alguien me llegara a decir Carolita, lo escupo. Y si alguien me llegara a decir "gordi", lo mato. No hay mayores reflexiones. sorry