Es cierto, aunque no lo crean nunca he tenido amigas que se llamen Maca, Cata o Jose. Aunque tampoco amigas que se llamen de otro modo. Simplemente no confío en una mujer para siquiera acercarse. Para eso están los hombres; por último siempre queda la esperanza de besos furtivos en algún rincón oscuro, coqueterías subliminales y un cuerpo grande para abrazar en momentos tristes.
¿Y por qué no Macarena, Catalina o Josefina?, digo yo. ¿Por qué transformar los nombres en sonidos de moda, partners de moda o muletillas para columnas adolescentes de revistas ídem? Odio los apodos o nombres abreviados; aunque también los Jennifer, los Jocelyn y los Nayareth. ¡Y los Byron, Jonathan, Kevin, Krishna, Jessica, o Dayana! ¿Y qué me dicen del renacimiento de todos esos nombres de abuela que llevan las niñitas hipponas de pelo rubio largo y piel tostada como Florencia, Emilia, Elvira, Elisa, Matilde, Olivia, Ema, Sofía, Virginia?
Al menos los hombres se llaman de forma más normal, evitan los nombres compuestos y sólo perturban con algún diminutivo loco como Bicho, Pato, Pancho, Jose, Dani y Nico.
Yo me llamo Carolina, pero me dicen Carola. Si alguien me llegara a decir Coca, Caro, Carito o cualquier concepto monosilábico, la patearía en la cara. Si alguien me llegara a decir Carolita, lo escupo. Y si alguien me llegara a decir "gordi", lo mato. No hay mayores reflexiones. sorry