domingo, febrero 27, 2005

Las imitadoras de Amélie

Las imitadoras de Amélie seguramente se levantan en la mañana queriendo meter la mano dentro de un saco de semillas mientras el placer se apodera de ellas, comprarse alguna fruta de la estación en un carrito de Merced, usar chasquilla, tirar piedras en el Mapocho, grabar videos conceptuales y dejarlos en la puerta del vecino, hacer felices a todos los que la rodean, cocinar tortas de durazno mientras sueñan despiertas, atravesar la ciudad con un enano de yeso, hacer el soberano ridículo tratando de encontrar al amor y finalmente enamorarse de un inadaptado que roba fotos de la basura y las colecciona. Probablemente se tiñen el pelo negro, usan zapatos de niñita, calcetas de colegio, faldas hasta la rodilla, anteojos diminutos de marco oscuro, aros de colores, collares de pelotas, poleras vintage, piercing en la lengua y un símbolo japonés tatuado en el tobillo.

Aman la trilogía Rouge, Blanc y Bleu de Kieslowski o el Rayo Verde de Eric Rhomer, su primera opción para reencarnarse en alguien sería Audrey Tautou, y su segunda Juliette Binoche. Su vida citadina transcurre cual protagonista de una película filmada en París con música de acordeón de fondo, una boina en la cabeza, un abrigo rojo apretado con piedras en los bolsillos, una mochila diminuta en la espalda y una bagget asomándose de un cartucho de papel en el canasto de su bicicleta rumbo a su departamento de un ambiente con cojines de colores en el suelo, una cortina de cuentas en la cocina y un gato con nombre de persona esperándola al lado del plato de leche vacío.

jueves, febrero 24, 2005

Clóset (parte 1)

Abro mi clóset y la tortura comienza: Tengo cinco abrigos que nunca uso, diez bufandas que no me combinan con nada, una parka talla 12 que sólo uso cuando dejo de comer tres días antes, un vestido japonés que me pongo sólo cuando camino de espaldas al viento, unos pantalones a la cadera con apenas dos centímetros de cierre, un cinturón con cinco hoyos cerca de la hebilla y cinco lejos de ella, unos zapatos negros con traba que me siento muy vieja para usar, un par de botas negras todo terreno y con tierra de tres años anteriores, un poncho de lana que ya pasó de moda, una falda tejida color verde, otra a la rodilla que me queda apretada en las caderas y cinco pares de pantalones negros que sólo dejan aire en mi trasero.

miércoles, febrero 23, 2005

Gatos

Estoy segura que mi relación con los gatos me llevará tarde o temprano a una vejez rodeada de ellos. Posiblemente continuaría llamándolos con nombres ridículos, celebrando sus cumpleaños con latas de atún, inventándoles un pasado de castillos y reyes, besándolos en la nariz y comprobando cada media hora a qué temperatura están sus orejas.

¿Qué puedo decir en mi defensa? Sólo que estoy algo chiflada. Que si no lo estuviera, no hablaría con cualquier gato que me encuentre en la calle, le preguntaría cómo está, qué ha hecho y qué cosa rica comió en el desayuno. Posiblemente ni siquiera los dejaría dormir en mi cama, tampoco esperaría que se terminen de lavar para apagar la luz, no les diría almohaditas a los cojines debajo de sus patas, ni los encontraría lejos los animales más hermosos del mundo.

viernes, febrero 18, 2005

Tarzán pecosa

Nunca tragué a Candy. Jamás asimilé ese molesto acento argentino con el que nombraba a la señorita Pony y a la Hermana María a cada rato. Tampoco su delgadez propia de los dibujos japoneses, su amor incondicional hacia los demás, ni su fortaleza a prueba de balas pese a ser huérfana, vivir en un hogar de niños abandonados y soportar después a unos primos que la odiaban a muerte. Nunca acepté que Anthony Andrew muriera sólo para crear el mito del hombre ideal. Que Terry Granchester se fijara en ella y, de la nada, se transformara en un Benjamín Vicuña cualquiera. Menos que sus amigas incondicionales, Amy y Patty, se emparejaran con sus dos mejores amigos, Archie y Stear; o que Albert perteneciera a la familia Andrew y haya sido el mítico Príncipe de la Colina.

Tampoco tragué que su forma ahombrada de ser ocultara en el fondo a una niñita buena con vestidos de vuelitos, botas blancas adheridas crónicamente a sus pies, ojos verdes, bucles dorados, pecas adorables y miles de aventuras en sólo veinte minutos. Pero lo que colmó mi paciencia fue cuando decidió estudiar enfermería; sólo eso bastaba para ser perfecta; sólo eso bastaba para clavarle un puñal de desesperación si me la hubiera topado en la vida real por alguna calle. Nunca tragué a Candy, es cierto, pero básicamente porque la envidiaba.

miércoles, febrero 16, 2005

Colegio

A Francis Mardones la recuerdo sólo desde quinto básico. Nunca fuimos amigas y nunca nos sentamos en la misma fila. Tenía el pelo corto, el jumper más largo de lo normal, los zapatos impecablemente lustrados, la voz ronca y un estuche con clave. Todos los años se llevaba las cortinas de la sala para lavarlas y se quedaba al aseo cuando las demás arrancaban. Escribía con las letras inclinadas hacia a la izquierda aunque no fuera zurda y siempre estuvo a punto de repetir.

Marcela Orellana era nerviosa y siempre tenía el uniforme desordenado. Era chica de porte y siempre la elegían para recitar en los actos cívicos; no por buena sino por exagerada. Le gustaba Gabriela Mistral y una poesía de Manuel Rodríguez que siempre repetía; incluso se ponía en posición, se arremangaba el jumper, y comenzaba con lo de las manos.

Adriana Muñoz Santos quería que la llamáramos Alejandra. Su mamá la tuvo soltera y decían que era alcohólica. Siempre estaba mirándose al espejo, alisándose el pelo, encrespándose las pestañas y diciendo que quería ser secretaria, vestirse bien y usar tacos. Era antipática, arribista, arrogante, envidiosa, peladora y tampoco fuimos amigas. Yo era casi igual en ese tiempo.

martes, febrero 15, 2005

Famosos que he odiado en mi vida y por qué

- Luis Miguel por actuar con Lucerito en Fiebre de Amor
- David Duchovny por salirse de The X Files
- Jude Law por ser perfectamente bonito
- Chris Martin por haberse casado Con Gwyneth Paltrow
- Nate Fisher por haberse enamorado de Brenda en Six Feet Under
- Danny Pintauro, de Quien Manda a Quién, por haberse hecho gay
- Kiefer Sutherland por hablar con susurros en 24
- Ray Loriga por confesar públicamente su amor por Cristina, de Cristina y los subterráneos
- Freddy Stock por ser igual a Rafael Araneda
- Rafael Cavada por hacer un personaje que no es verdadero
- Álvaro Ballero por salir de la casa-estudio
- Paul Auster porque envidio cómo escribe
- Nelson Mauri por ser un gay reprimido
- Fuguet por ser mejor columnista que escritor
- Rodolfo Navech por haber cantado en el himno del SI
- Felipe Brawn por haber estado con todas las actrices de Chile
- Benicio del Toro, simplemente por ser inalcanzable para mí

lunes, febrero 14, 2005

Famosas que he odiado en mi vida y por qué

- Lucerito por actuar con Luis Miguel en Fiebre de Amor
- Úrsula Achterberg por actuar tan mal en Fuera de Control
- Calista Flockhart por ser tan flaca
- Lara Flynn Boyle por ser tan flaca y tan bonita
- Jennifer Connelly por ser la adoración de alguien especial para mí
- Leelee Sobiesky por ser tan alta y poder actuar en inglés y francés a la vez
- Scarlett Johansson por tener la voz que tiene
- Dominique Swain por ser la “lolita” de Jeremy Irons
- Gillian Anderson por ser perfectamente fría y lejana
- PJ Harvey por cómo canta, compone, se viste y se ve
- Carolina Urrejola por estar absolutamente sobrevalorada
- Verónica Calabi por farrearse todas las entrevistas
- Zadie Smith por escribir como escribe
- Agota Kristoff por escribir el libro que yo quería escribir
- Yamna Lobos por creerse rica
- Leticia Bredice por resultarle perfecto el papel de maldita
- Audrey Tautou porque toda su vida va a ser Amèlie
- Carla Bruni por sólo susurrar cuando canta
- Katyna Huberman por su nariz
- Matilda Svensson por su sonsonete despreciable
- A Sarah Jessica Parker por vestirse ridícula pero cool a la vez

jueves, febrero 10, 2005

Chasquilla

Admito que alguna vez en el pasado avergoncé a mi familia tratando de pararme la chasquilla patéticamente con laca. En mi defensa debo aclarar que esa época pertenece al colegio y que la mayor parte de mis acciones obedecían más al deseo de ser aceptada por el resto que demostrar cuán compacto era mi cerebro.

Me acuerdo que había un sistema infalible para pararla que sólo se lograba después de cierta experiencia. Estaba el cepillo redondo, la acción frenética de escarmenar que llegaba a sacar sangre, la aplicación aerodinámica de la laca en spray y el aleteo de un cuaderno para que se secara rápido. Incluso en el baño a final de clases, había estilistas designadas con cepillo en mano y envase de laca incrustado en el bolsillo del delantal dispuestas a atacar. Las más top eran las de chasquillas mejores logradas. Las del montón eran las que emulaban a las top sin resultados y las pernas eran las inexistentes (laca, chasquilla o cepillo redondo mediante).

¿Quién alguna vez creería que, quince años después, sobre las veredas de Santiago aún circularían chasquillas con laca subyugadas crónicamente a cabezas de secretarias con carteras diminutas, cosmetiqueros de dos kilos colgando de una mano y un cuerpo gordo moviéndose al ritmo de alguna canción romántica mientras sus zapatos se apresuran por llegar al kiosco pronto y comprar un Super 8 para el camino rumbo al ascensor? ¿Quién? ¿Díganme quién?...

domingo, febrero 06, 2005

Me fascina y me molesta

La sola cualidad en los hombres de ser una especie de perros malditos capaces de voltearme entera y seguirme atrapando sin desfallecer desde el primer minuto que pasamos juntos, me fascina. También escuchar constantemente su risa, reírme de sus ironías, ver su refrigerador vacío, su despensa llena de sopas en sobre, aceite de oliva, frascos con café descafeinado y todos las variedades de té existentes. Me fascina que coincidamos en libros y seamos tan opuestos en series del cable, que critiquemos todo y a todos y siempre lleguemos a una misma patética conclusión. Me cautiva que sepa cocinar y yo no, que todo el tiempo ande en busca de cosas rebuscadas para regalarme, y se dé cuenta cuándo es el momento para desaparecer y dejarme sola.

Me molesta estar en algo por sólo ponerle un nombre, porque tenga una foto mía en su velador o me haya dedicado una canción de The Cure. Odio llamarlo por teléfono cuando no hay nada realmente qué decir, o ponerme nerviosa cuando lo visito. Odio todo lo que no parezca lo más normal posible y que se traduzca en presión. Presión por ser la pareja perfecta, la luz de sus ojos, su musa o algo parecido. Prefiero la tarea más liviana. Prefiero ser su amiga antes que nada, pero no más que nada en el mundo.

viernes, febrero 04, 2005

Mes de María

El mes de María en el colegio era algo horrible. Se hacía un acto con micrófono, canciones y la imagen de cartón de la virgen en una mesita con mantel blanco y claveles que cada curso debía llevar un día a su sala. Las canciones eran básicamente las mismas todos los años, pero siempre había un nuevo hit. En octavo básico era una canción del arca de Noé y los animales; hasta tenía coreografía y bis. Cuando mencionaban al elefante se simulaba con los brazos la trompa, con la jirafa el cuello, las alas para los pájaros y así con todos el maldito zoológico que entraba cantando al barco.

Siempre lo trataba de evitar llegando tarde. Permanecía en el hall con la puerta de vidrio cerrada hasta que terminara y ochocientas estúpidas volvieran a las salas. Recuerdo que el último día llegué temprano, tuve que esperar que tocaran la campana, formarme con las demás, mamarme todas las cosas religiosas de la virgen que decían por micrófono, la canción de María madre de Dios que quitas los pecados del mundo, y la de beben y beben y vuelven a beber los peces en el río. Cuando tocó la canción del arca de Noé, no sabía nada, sólo algunos pasos que había visto por la puerta. Y ahí estaba, tratando de mover los brazos como trompa y la cola del tigre, el cuello de la jirafa y no sé que otra estupidez más. Más encima las profesoras nos obligaban.

jueves, febrero 03, 2005

Cómo hacer teleseries para adultos

Contrate a Álvaro Escobar en un rol protagónico, secundario o de extra. Utilice guiones cursis y malos actores. Inserte tallas que tengan que ver con el fútbol y ciertos programas de televisión. Exagere los personajes a más no poder. Contrate a Pablo Illanes como guionista, asesor o simple truco de marketing. Ponga harto sexo y piel aunque no se justifiquen. Tiña a sus protagonistas mujeres de rubio y mándelas al solarium. Utilice una luz entre verdosa y amarillenta para los interiores. Plagie descarada y horrorosamente series argentinas, pero no lo reconozca nunca. Cuando haya episodios con drogas, use tiros de cámara artísticos y música oscura de preferencia inglesa o Lucybell. Ponga una lesbiana, un gay, un mafioso, una bulímica, una prostituta, una adolescente embarazada, un drogadicto, un secuestro, una pendeja agrandada y un viejo decrépito que se la come. Titule su serie con un nombre absurdo. Que haya pobres y ricos como en los dramones venezolanos. Que haya muchos sets con decorado minimalista, gente fumando y hombres con ropa negra. Planee el primer capítulo con todos los desnudos posibles, pero preocúpese que la historia de los capítulos que vienen tengan al menos un guión; uno decente quiero decir.

miércoles, febrero 02, 2005

Nunca

Nunca te rías con la primera escena idiota que viste en una película ni repitas todos los clichés de las series del cable. Nunca digas que te fascina el cine si no sabes quien es Charlie Kaufman. Nunca mezcles proteínas con carbohidratos. Nunca le eches aceite a la palta molida. Nunca intentes hacer limonada con el jugo de limón concentrado. Nunca te hagas adicto a los realitys ni loscomentes en los almuerzos. Nunca te pongas un vestido de flores con sandalias blancas. Nunca veas el Festival de Viña en la tele. Nunca te compres un notebook, escribas columnas, adelgaces quince kilos, te vistas ridícula y te creas la Carrie Bradshaw chilena. Nunca fumes cigarrillos sin filtro para parecer de mundo. Nunca uses protectores diarios de un color diferente a tu calzón. Nunca confieses que viste Felicity y te gustó. Nunca te saques una foto a las ocho de la mañana. Nunca llames insistentemente a alguien que posea identificador de llamadas. Nunca digas que Fuera de Control es un buen remake de Los Títeres. Nunca te metas a un taller literario que no filtre a sus participantes. Y por último, nunca reveles a nadie quién realmente eres.

martes, febrero 01, 2005

Barbie

Debo admitir que el periodo Barbie nunca formó parte de mi existencia. Ni por plata ni por no merecerlas... fue pura y absoluta ideología. Ideología contraria a pertenecer alguna vez al gremio de las rubias teñidas, los pololos con músculos y las piernas de dos metros. Lo mío iba por la ropa negra, el pelo liso, los ojos pintados oscuros, amigos con poleras negras, guata cervecera, discos encargados al extranjero, libros de autores norteamericanos y películas como Wonder Boys, Fight Club, Requiem para un Sueño, Sunset Boulevard y Adaptation.

Sin embargo, mi ideología anti-Barbie ha tenido que lidiar a través de los años con un solo gran cambio: las muñecas de carne y hueso con pantalones a la cadera, chasquilla, pelos despuntados con reflejos dorados, y prendas color pastel cubriendo su cuerpo de solarium, desayuno con pan integral, café con endulzante, botellones de agua mineral y celulares con sonidos ridículos en sus diminutas carteras.

Salir con alguien

Que sea un jueves, en un lugar concurrido, no romántico, que no sirvan comida, donde se pueda fumar a destajo, que tu ropa sea como la de cualquier día, ojalá pantalones, no muchos accesorios y nada del perfume de las grandes ocasiones. Fuera las preguntas qué haces, dónde vives, cuántos hermanos tienes y por qué mierda tus viejos se separaron.

Nada de muchas risas si no lo ameritan. Nada de quedarse en silencio mucho rato tampoco. Nada de delineadores líquidos de colores verdes o azules. Nada de piernas recién depiladas y piel con aceites de almendra. Nada de uñas pintadas ni muy largas. Nada de joyas que brillen. Nada de mencionar la palabra especial, cómo me encuentras, qué tan simpática te he parecido y hace cuánto fue tu última relación. Nada de muertes cercanas y experiencias extra-sensoriales. Nada de mascotas con nombres ridículos, el gimnasio al que vas y qué ejercicio te gusta. Ni siquiera se te ocurra mencionar que una de tus actividades semanales tiene que ver con el yoga, que uno de tus hobbies es escribir poemas y que tu placer culpable es la música romántica en español tipo Michael Bolton, Phil Collins o Leandro Martínez.