Probabilidades
Tus manos recorrerán mi espalda barriéndola, dejando marcas, midiendo mis costillas, apretando la cintura, hundiendo las caderas y sosteniendo mi trasero. Tendré mis manos en tus lóbulos. Tendré mis manos en tu pelo. Tendré mis manos a tres centímetros de tu nuca. Pero no habrá un orden vertical que me condicione a ir por partes. Puedo seguir a tus hombros como jugar con mis piernas en el borde de las tuyas. Puedo dejar una entre tus muslos o levantarla ligeramente y rozarlas por fuera.
Me levantarás. Treinta segundos, un minuto, lo que puedas soportar antes de girar un poco y dejarme contra la pared. A ras de suelo otra vez, mis uñas separarán las hebras de tu camisa o los hilos de tu suéter, tocando tus piernas o tus pantalones más bien. Me llevarás suavemente hasta el borde, desordenarás mi pelo más aún, tomarás mi cara, mojarás mis mejillas y sacarás mi ropa. Algunas prendas de mi ropa.
Jugaremos en un principio a adivinar. No dejarás que ni una gota de aire pase por el centro. Tu suéter no estará. Tu camisa tampoco. Tus dedos en la pretina de mi pantalón a punto de bajar el cierre. Yo en el tuyo haciendo lo mismo. Podría pensar en hacer algo con mis manos. Podría susurrarte al oído que hagas algo con las tuyas.
O podría decirte que es mejor que me vuelva a vestir y que me vaya, que no me conoces en realidad y que no soy quien tú crees. Podría obligarte a que me saques de este personaje que no me queda, que no alborotes más mi pelo, que no me mires fijo y que no me vistas más de negro.
O podría seguir fingiendo... esta noche o ninguna más.






