Después de todo, Lullaby tiene ego

Después de todo, Lullaby tiene ego, igual que Carolina Moro, igual que la historia de la que forma parte, igual que la razón por la que todo cambia de forma, e igual como Lullaby se escribirá ahora en primera persona. ¿Un diario de vida? Lullaby se moriría si alguien lo pensara así:
Qué pasaría si me calmo un poco (aunque soy calmada) y repito mentalmente que todo esto es momentáneo, que la poca suerte en realidad es coincidencia, que no quiero enrabiarme, que hablo de morir en forma irónica, que la ventana sin cortinas de mi departamento y que miro embobada, hace todo más frío de lo que es. Lo sé, son sólo detalles. Lo reconozco, nunca hablo en serio.
Hace tres días que llego sólo a dormir a mi departamento (si dormir fuera presionar la cabeza en la almohada sin apenas sacarse la ropa y abriendo los ojos con intervalos de dieciocho minutos). Hace tres semanas que ni siquiera me hace bien vivir en ese departamento (si un departamento fuera un espacio reducido al mínimo con un sofá cama en el medio y una cocina que sólo sirve de adorno). Hace algunos meses que sé que deambulo. Hace años que no he cambiado nada.
Pero qué será eso de los cambios, de dejar caer los muertos de la espalda para enterrarlos después? Nunca lo he sabido y nunca he querido saberlo. Quizás se trata de correr al borde de cualquier ventana de cualquier edificio y no intentar saltar. O quizás sólo se trata de cortarse el pelo y sonreír más seguido mientras todo sigue exactamente igual como antes y finges exactamente todo lo contrario. No me importa.
Nadie sospechó que podía juntar una frase con otra, pero lo estoy haciendo ahora. ¿Esto es un cambio de esos? Me moriría si alguien pensara eso. Después de todo, tengo ego y me llamo Lullaby.








