Lullaby en reversa y no

A cinco pasos exactos está la puerta con la letra D en un dorado sin brillo de la vecina asexuada sin edad definida y de nombre Gladys.
A ocho pasos exactos está la escalera asesina que extraña una alfombra para no resbalarse y morir.
A ocho pasos multiplicados por tres está la puerta de vidrio de la entrada. A dos pasos más el portón de fierro que alguna vez fue verde y que le recuerda algo de la noche anterior.
A veinticuatro pasos en reversa está la letra B de su departamento.
A dos pasos más en reversa una habitación con pocas cosas que finalmente parecen nada.
A tres pasos más en reversa está el ventanal que da a la calle y que nunca ha llevado cortinas ni las llevará.
A dos pasos más en reversa está el sofá cama, la estufa a gas, el chalón con cuadros rojos y grises, el jeans talla 38, la chaqueta que parece de cuero talla 12, los calcetines de lana de color rojo, las botas que felizmente los cubren, su gato Vicente y el chico que conoció la noche anterior y que aún duerme.
A un paso más en reversa está la ducha que suena sin nadie en el baño y las ganas furiosas de Lullaby por estar nuevamente sola en su departamento para sentir al menos que en unas horas más, ese chico estará de vuelta bajo el chalón, Vicente, los jeans talla 38, la chaqueta talla 12, y ella.





