domingo, agosto 12, 2007

Lullaby como en la película Dirty Pretty Things


Lullaby ha ido a pocos hoteles en su vida. Quizás tres. Quizás sólo uno. Nunca ha estado más de dos días. Nunca ha estado con quien quisiera estar. Lullaby ha visitado pocos países. Quizás dos. Quizás sólo uno, aunque haya deseado que sean diez. Siempre se ha negado a hablar el idioma del país; siempre se ha negado a hablar inglés. Nunca ha comprado nada en el duty free. Nunca ha viajado en clase ejecutiva. Nunca ha elegido pasillo en el avión. Siempre Lullaby ha querido tener un seudo accidente en uno de esos viajes para tener algo interesante que contar. Nunca ha sacado más de dos fotos de si misma en algún lugar. La mayoría de las veces le piden a ella que saque fotos a otra gente desconocida en algún lugar.

Lullaby ha ido a pocos hoteles en su vida. Pero resulta que por las vueltas del destino, ahora trabaja en uno. No tiene idea de cómo llegó ni cuánto tiempo va a estar, cuántos brasileros más le falta por conocer o cuántos check-in y check-out le tocará hacer en todo este tiempo. Tampoco sabe cómo logró vestirse de señorita, ponerse un pantalón de tela, una blusita blanca, una chaqueta formal y amarrarse el pelo. Quizás necesitaba un cambio o un giro. Quizás se cansó de servir café en un bar cool de tacitas extrañas y cucharas largas. Quizás el hecho de querer al fin hacer algo con su vida, y terminar al fin de vegetar en un diminuto departamento sin cortinas con un gato malcriado que la espera detrás de la puerta todas las noches sólo para comprobar que ninguno de los dos está solo.