jueves, febrero 28, 2008

Lullaby in english


Lullaby no habla inglés. Sólo a veces. Cuando pasa, lo hace con todos los tiempos en presente, con todas las preposiciones al revés. Al escucharse ella misma hablarlo, le da risa, pero extrañamente entiende y la entienden. Una vez cuando tenía 13 años, ganó un premio en su colegio por ser la mejor en inglés de su promoción, claro que sólo porque sabía escribirlo. Nunca aprendió a hablarlo.

Lullaby es un nombre en inglés y no es su nombre real. Pero a ella le gusta. Lo sacó de una canción de The Cure. Es un nombre sin apellidos porque ninguno le quedaría bien. Lo adoptó hace unos años cuando se fue a vivir sola, cuando sólo se contaba ella misma para sobrevivir. Algunos creen que es un nombre de perra o tortuga. Para Lullaby es como un disfraz que poco tiene de personaje, menos cuando debe tiene que trabajar demasiadas horas y en turnos sólo para pagar el diminuto departamento, la abundante comida de su gato Vicente y la escasa comida de ella.

Lullaby no habla inglés, aunque debería hacerlo porque trabaja en un hotel. Poco le importa no saberlo o no estudiarlo porque no le pagan por saber idiomas sino porque, cómo sea, los pasajeros entren a las habitaciones, queden contentos, no molesten mucho, sepan cómo llamar por teléfono a sus países, coman pescados y mariscos en restaurantes carísimos, se llenen de bolsas en un mall, compren agua mineral sin gas por galones, paguen con el mayor sencillo que puedan y, de alguna forma, llenen de comisiones a los recepcionistas por tours o taxis o cualquier cosa.

Por eso no importa que Lullaby no sepa inglés. Sólo que se vista de señorita use tacos, use una voz de doblaje de película que pasan por TV, que los días pasen rápido, que el hotel tenga baja ocupación y que el recubierto de mentira que llena su nombre y todo lo demás, permanezca casi como ficción en columnas-cuentos que se escriben siempre de a gotas, con poco tiempo, fotos en blanco y negro y títulos en inglés sólo porque le da la gana.

jueves, febrero 07, 2008

Lullaby, the glass door and someone else


Aparecía lentamente, casi asomándose, casi desapareciendo entre el ventanal sin cortinas que separa a Lullaby de la calle, de la temperatura que hace afuera, y de las personas que pasan mirando su reflejo en el vidrio sin detenerse siquiera a mirar qué hay detrás de él y de nada.

Aparecía a veces; si quería sólo en la noche; si quería sólo en el día o sólo cuando éste se terminaba. Miraba hacia adentro como queriendo realmente saber quién estaba detrás del ventanal. En momentos se detenía, miraba hacia el suelo y se quedaba ahí como esperando seguir, como esperando huir. A Lullaby le agradaba verlo tanto como le agradaba ver poquísimas cosas. A veces quería salir a saludarlo, hablarle, decirle cualquier cosa y volver a entrar a su trabajo. A veces Lullaby lo hacía. A veces Lullaby se arrepentía de no hacerlo más seguido.

Detenida en el tiempo, con su traje de señorita, con su postura de chica con tacos, con su pelo color miel, con su vestido rojo de los viernes, y con sus horas frente a los pasajeros que llegan al hotel, Lullaby se transforma en la mejor actriz para no recordar esos días que pasó arrojada como un pez muerto en la playa pensando en nada importante; ni siquiera en los días que venían, ni siquiera en el hecho que pasaban tan lento como él… mientras intentaba acercarse al ventanal, mientras la observaba desde afuera y mientras olía cada planta de cada jardinera que rodean al hotel. Sólo un par de veces Lullaby lo acarició y creyó que era lo máximo.
El gato negro amigo-no-amigo de Lullaby murió atropellado hace un par de días. Lullaby no quiso verlo tirado en la vereda. Sólo caminó en sentido contrario hasta alcanzar otra estación de metro mientras mascaba su rabia y su pena y mil cosas más que ciertos detalles le provocan cuando se los quitan sin siquiera avisarle. Uno de ellos son los gatos, otro son las situaciones absurdas, otro son algunas personas del pasado, otro es la canción Caramel, de Suzanne Vega, y otro es recordar el tiempo en que existían inocentes juegos de palabras que no llevaban a nada y llevaban a todo en realidad. Lullaby piensa en lo último y vuelve a sonreír por esos detalles que sólo dos conocen.