
Hace mucho tiempo atrás, en un periodo que ni siquiera recuerda bien, Lullaby decidió contar historias eróticas. Pero Lullaby no escribía; de hecho no poseía ningún talento literario. Estaba muy consciente de eso y no le importaba. Ella contaba relatos eróticos, pero a amantes justo antes quitarse toda la ropa y jugar.
Partía con una imagen que pensaba con los ojos cerrados. Para eso siempre recurría al cine, a imágenes que quizás haya visto cuando niña, cuando nadie se lo imaginaba, cuando entendía pese a no entender nada, cuando veía pechos de silicona, penes gigantes, entrepiernas depiladas a punto del desgaste absoluto y gemidos histéricos que retumbaban en las paredes mientras Lullaby rozaba su misma entrepierna de niña y fantaseaba con ser adulta al fin.
Entonces, ya adulta y sin fantasías quinceañeras, comenzó a ingeniárselas para atosigar con sus historias a quien quisiera compartir su cama. Pero sólo su cama. Para compartir la vida, quedaba mucho tiempo por delante.
Primero, se colocaba detrás de él con toda la luz posible de la habitación. Nada de velas, música o cosas cursis sacadas del inventario mental común. Les preguntaba por qué estaban ahí, por qué estaban ahí con ella, por qué querían tener sexo con ella, por qué estaban dispuestos a no comandar nada, por qué deseaban ser sumisos justo ese día, justo esa noche, justo en el instante preciso en que Lullaby les confirmaba de todas las maneras posibles que de amor o relaciones o manos tomadas por la calle, nada.
Después se levantaba a apagar toda la luz, pero esta vez ella ya estaba desnuda. Claro que cuando estaba de frente a él, la luz ya no existía. Algunos ya se estaban desnudando, otros no habían hecho ningún movimiento, otros ya estaban bajo las sábanas, otros tenían risas nerviosas, otros ya la odiaban y otros ya la amaban.
Detrás otra vez, pausas interminables de placer en que Lullaby sólo daba tiempo para que ellos reaccionaran. Le daba lo mismo qué hicieran; lo importante era que hicieran algo o no hicieran nada. Cuando impacientes de no escuchar ninguna instrucción, se daban vuelta hacia ella y Lullaby sólo les preguntaba:
-¿Quieres escuchar algo?
- ¿Sí? – decían con dudas.
- Es una historia simple que, aunque la odies, debes escucharla si quieres acostarte conmigo.
- ¿Bueno? – ya no sabían qué decir.
- Bien.
Lullaby comienza con el relato: Una mujer que puedo o no ser yo, caminaba excitada por la calle. Una calle que puede o no ser ésta. Se detenía cada tanto mientras recorría con su mente el sexo perfecto. No sabía dónde encontrarlo. Tampoco sentía esa excitación siempre. Pero ese día de esta historia, la mujer quería desnudarse frente a alguien. Imaginaba cómo conseguirlo, pero no quería parecer una puta. Quería jugar a hacerlo, pero no serlo en realidad. Sólo deseaba pasar la noche con alguien y contarle una historia.
Lullaby sigue: Muchos estaban dispuestos, así que preámbulos de búsqueda no habían. Después la dirección de su departamento. Más tarde una hora precisa en la noche. Mucho más tarde, la puerta que se abría y la pregunta de por qué querían hacer eso con ella, precisamente con ella. Casi todos respondían que porque oportunidades de sexo nunca se rechazaban. Sin dejar pasar un segundo, la mujer del relato pregunta fuerte “¿Quién dijo que yo buscaba sexo?”.
Entonces Lullaby sin relatos ahora, les sacaba algo de ropa cuando había. Desnuda se acercaba a la espalda de él (de cualquiera). La rozaba con sus pechos y deslizaba muy suave su depilado de ensueño después. Acercaba su boca a cada vértebra hasta terminar en su cuello. Luego, les tomaba la cara por detrás y los obligaba a mirarla en lo oscuro. Sólo adivinando la distancia entre los rostros, Lullaby seguía con su historia, pero esta vez no habría vuelta atrás ni para ellos ni para ella.
-¿Quieres seguir? – preguntaba ella.
-Absolutamente – decían casi todos.
1 comentario:
el "quien dijo que yo buscaba sexo?" y cuando son obligados y mirar(la) en la oscuridad son, para mí, los aceleradores de partículas eróticos del relato.
la espalda, que vulnerabilidad (nadie se conoce la propia "en persona").la espalda es nuestro Lado B, o un bonustrack de esos que empiezan después de un silencio que parece infinito en el transcurso del disco... los distraídos y los ansiosos suelen no darse cuenta por sí mismos de estas piezas "escondidas"...
yo soy distraída y ansioso.
-siga.
sayonara
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