miércoles, octubre 26, 2011

Presos (segunda parte)



Vístete. No sé que haces así de todos modos. Jamás me acostaría contigo después de lo que hiciste. Y vístete bien. Qué es eso de andar con esa ropa que te vi el otro día. ¿Sufres daltonismo acaso? Sabes que eso que hiciste no es un hecho aislado y que te has comportado extrañamente desde hace un tiempo. Un tiempo largo. Y yo debía pararte de algún modo. Quizás más pronto de lo que tú o yo suponía, pero bueno, esto ya no se soporta más. ¿Por qué me señalas el libro sobre la mesa? ¿Quieres que busque algo dentro? Un papel, una nota estúpida, un puto pétalo disecado, ¿qué? ¡Pero no hables, te dije! ¡Sólo señálamelo con el dedo! ¡Pero aquí no hay nada! ¿Que busque más? ¿Qué página? ¡Haz el maldito número con los dedos! La página 97 entonces. Aquí hay un párrafo subrayado. ¿Que lo lea? Está bien, lo leeré, pero ni se te ocurra que lo haré en voz alta. Terminé. No entiendo. Lo leeré otra vez. Insisto, no me dice nada esto. Aquí dice que mirando al norte, dos ventanas hacia la derecha, alguien camina hasta correr la cortina, inclinarse frente al borde con un libro en la mano y hurgar a tientas un objeto que sobresale. Entonces se da vuelta para ver de qué se trata y descubre una persona que conoce y que se acerca violentamente.

Bien, ¿qué tiene que ver esto con lo de ahora? ¿Que ahora yo me siente? Ok, me siento y ahora qué, recuerda que no puedes hablar. No te entiendo, ¡gesticula más claro! ¿Que yo me quede en silencio? ¿Y por qué debo hacerte caso? Pero ¿por qué te levantas, por qué vas hacia la ventana, por qué hurgas a tientas, por qué tienes esa mirada ahora, por qué te estás acercando así, por qué eres así conmigo?.... ¡No, la luz no!, no apagues la luz, te pido que no apagues la luz....

viernes, octubre 21, 2011

Presos (primera parte)



¿Me escuchas? ¿Eres capaz de cerrar tu boca un segundo y escucharme? ¿Que no puedes? Vaya novedad, eso es justamente lo que inició todo. ¿No lo ves? ¿Todavía no te das cuenta? Entonces siéntate y prueba poner una mano sobre la otra, subirlas a la altura de tu cara y pegarlas a tu boca. No quiero perder tiempo. Pero qué digo, sabes perfectamente que no me gusta perder tiempo. Que vivo haciendo cosas. Que si no fuera por mí, no tendrías de qué hablar con nadie. Sabes que muchas veces preferiría eso, pero no, tú te empeñas en salir y hablar y contar. ¿Por qué cuentas después de todo? ¿Qué pasa en tu cerebro cuando da la orden a tu boca de contar todo? Sabías que era un secreto, mi secreto. Sé que no es gran cosa y que nadie pagaría por él, pero te lo confié justamente para que no me molestaras con saberlo. Y ahí tú entrando, hurgando, destapando cosas. Lo acepté por mucho tiempo porque tu vida era aburrida y despreciable y subías mi ego cuando deseabas con ansiedad saber más y más de la mía. Pero se acabó, ¿entiendes? Este es el fin, auque no lo quieras entender.

¿Que por qué hoy? ¿Y por qué no hoy? Me levanté esta mañana y decidí que fuera hoy a esta hora. Tú estarías exactamente donde estás ahora, tus manos cubrirían tu gran bocota, tus piernas estarían igual de rígidas que ahora y, por donde miraras, no habría nada más que ventanas y puertas cerradas. No habría escapatoria. Sí, lo planeé perfectamente. ¿Recién lo notas? Qué lastima. Creí que algo habías aprendido en este tiempo. ¿Por qué me miras así? ¿Quieres decirme algo? Pues no quiero que me digas nada, así que mantén tus manos exactamente donde están. Tampoco me mires así. Ya es tarde. Deberías haberlo pensando antes. Antes de hablar y decir todo lo que dijiste. Además, aún no entiendo por qué ellos, justo ellos. ¿Qué creías que te darían a cambio de esa información? Dinero, un viaje, ¡qué! ¿Acaso crees que ellos son gente estúpida igual que tú? Sí, apuesto a que lo creías.