
Hubo un tiempo en que me gustaban los sombreros, pero nunca usé uno. Creía que al pasar frente a cualquier vidrio con reflejo, lo que vería de mí me parecería ridículo. No siempre me vestí de negro; incluso había los colores más inusitados en ciertas prendas que nunca me atreveré a contar. Supongo que el color que usas puede ser una extensión de tus rasgos. Supongo que tu forma de ser puede una extensión de tu conciencia. Pero no.
Ya ves. No me falta ni un solo pedazo. Soy importante para quien soy importante y con eso basta. Puedo darme el gusto que quiera (a veces). Puedos pasear sin un perro o sentarme sin fumar. Puedo mirar por tu ventana como una llovizna inexistente lo va mojando todo o el sol te quema la cara hasta dejarla inservible. Y quedarme ahí. Y pensar ahí. Pero nunca está todo; nunca puede estar todo.
Hubo un tiempo en que tenía el pelo largo y desordenado, me vestía de negro, usaba ropa extraña, miraba fijo, tenía más de tres gatos con nombres ridículos, caminaba por una calle que conocía muy bien, me detenía hasta un café y creía ver a alguien que quería ver. Y entraba y me sentaba y todo parecía comenzar.
Hubo un tiempo en que hubo descoordinación en el mundo, y entonces fue muy difícil poder encontrarse con la gente que uno querría encontrarse. Pero hubo un tiempo también en que las vidas eran más que una, y se podía vivir lo que no viviste en la anterior y tomar un café con quien querías pero no podías, y armarte una vida en blanco y negro como una fotografía facturada en tu imaginación.
Hubo un tiempo en que escribía sobre lo que me escribían, o sólo observaba cuando no me escribían. Incluso a veces ni yo misma escribía. Incluso a veces eso que no escribía era lo que finalmente quería escribir. Hubo un tiempo en que me gustaba jugar con las palabras y repetirlas como ahora. Incluso imaginar que ese tiempo pasado sigue hasta ahora mismo. Ya ves. Me encanta jugar mientras sé que sigo en este lado y en el otro, mientras se apague la luz o continúe malditamente encendida.
1 comentario:
Buenisimo trabalenguas señora o señorita moro
Publicar un comentario