
Lullaby a veces presentía que tras sus pasos siempre estaban otros. También presentía que alguien imaginario investigaba sus rincones, la espiaba detrás de cualquier parte y detallaba cada minúscula pieza de su vida para armar un personaje que seguir, que querer. Lullaby presentía, o más bien quería creer que era así.
¿Qué pasaría si en realidad alguien estuviera observándonos detrás de un poste o de una pared sin jamás verle la cara, sin nunca adivinar su propia voz, cómo se viste o cómo enlaza las palabras para armarse? Sería vivir como una segunda vida, un personaje dentro de una historia que es propia, pero no lo es a la vez. Raro.
Lullaby se pone unos pantalones negros ajustados. Sin vestidos cortos esta vez. Cruza sus piernas casi enredándolas para decidir dónde ir. Es fácil si se piensa. Sólo hay que desdoblarse en uno y en un paralelo igual a uno. Tampoco hay que tomarse muy en serio para que eso resulte. Sólo descruzar rápidamente las piernas, pararse casi de un salto, mirarse por última vez al espejo, tomar las llaves, algo para gastar, abrir la puerta y cerrarla de golpe después sólo por gusto.
Después vendrían los pasos rápidos y la locura de imaginarse que alguien la ve caminar rápido y casi corriendo hasta ser tragada por el túnel del metro y hasta perderse en un mar de gente dentro de un vagón sin ninguna combinación posible; sólo en línea recta. Entonces Lullaby miraría de reojo a quien está a su lado, se daría vuelta para ver quién está detrás, y estiraría su pequeño cuerpo para ver quién está al otro lado con cara de querer toparse con ella en cualquier minuto mientras el movimiento del tren se detiene, sus piernas terminan de subir escaleras y un sutil reflejo la hace sólo parar y esperar.
El juego entretiene, pero hay que tomarle el gusto. Otras veces aburre hasta que da asco. El asunto está en que la imaginación de uno coincida con la realidad. Entonces el paralelo de Lullaby se convierte en tan personaje como se quiera. Pero nunca hay que mirarla de frente. Lullaby odia que la miren sin nada entremedio. Eso es muy simple, muy fácil, muy común. Lullaby ama que la confundan y la den vuelta. De ese modo, se hace todo más imprevisto, escrito sobre la marcha y poco evidente: como deben ser muchas cosas en realidad.